¿LA ÚNICA VOZ?

La nave interestelar Voyager I, con el disco recubierto en oro adosado en su costado.
La nave interestelar Voyager I, con el disco recubierto en oro adosado en su costado.

Dejando atrás un millón seiscientos mil kilómetros por día, las naves espaciales Voyager I y II viajan con destino a las estrellas luego de partir el 20 de agosto y el 5 de septiembre de 1977 de Cabo Cañaveral, Florida, EEUU. Se encuentran más allá de la órbita del gigante Neptuno (actualmente el planeta más alejado del sol debido a la marcada excentricidad de la órbita de Plutón), y transcurrirán unos veinte mil años antes de poder escapar de la atracción gravitacional de nuestro sol; entonces se despedirán para siempre del sistema solar y se adentrarán en el espacio interestelar.

Cada una de las naves lleva adosado en su parte exterior un disco fonográfico de cobre recubierto en oro, con un mensaje para las posibles civilizaciones extraterrestres que pudieran encontrarlo en algún lugar y tiempo remotos. No tenemos ningún indicio de que existan en la Vía Láctea otras civilizaciones que naveguen por el espacio. En realidad, las posibilidades de que exista al menos una civilización – aparte de la humana – son mínimas; pero aún en el más pesimista de los cálculos, existe por lo menos una posibilidad de que en un futuro lejano una de las naves sea interceptada. Esa posibilidad en millones hace que la existencia de las naves tenga sentido. Y lo más grandioso del proyecto Voyager es el espíritu que impulsó semejante empresa: la idea de enviar un mensaje desde nuestro diminuto mundo hacia la inmensidad del espacio, para decirle a quienesquiera sean capaces de encontrarlo dentro de miles de años que aquí, en las afueras de la galaxia Vía Láctea, en este planeta, se desarrolló una civilización inteligente, capaz de comunicarse en el espacio y el tiempo.

La información almacenada en el disco, entre otras cosas, contiene saludos en 59 idiomas humanos y en un lenguaje de ballenas; un ensayo evolutivo en audio sobre “los sonidos de la Tierra” (un beso, el llanto de un bebé, el registro de un electroencefalograma con las reflexiones de una joven enamorada); 116 imágenes codificadas sobre nuestra ciencia, civilización y nosotros mismos, y casi 90 minutos de lo que sus recopiladores llamaron “la mejor música del mundo, de Oriente y Occidente”, incluyendo “música clásica” y folk, un canto nocturno de los navajos, una pieza para shakuhachi (especie de flauta de bambú japonesa), una canción de iniciación de una niña pigmeo, una canción de boda peruana, una canción china de tres mil años de antigüedad titulada Corrientes que fluyen, además de composiciones de Louis Armstrong, Willie Johnson (“El Ciego”) y Chuck Berry.

La selección musical (a cargo de Timothy Ferris, bajo la dirección de Carl Sagan, director general del proyecto Voyager) se basó en distintos criterios. Hay una yuxtaposición intencional de música de muchas culturas. Algunas piezas, por ejemplo, contrastan con la que sigue en el disco en forma tonal a veces y emocional en otras, pero las une una demostración común de virtuosismo solista con instrumentos muy diferentes. En otros casos, la semejanza de instrumentos o de estilos rítmicos y melódicos une culturas muy diferentes en otros aspectos.

La responsabilidad de elegir la música que representara a la Humanidad era enorme y planteó muchísimos problemas, sobre todo a la hora de la decisión final: ¿cómo plasmar en 87 minutos y medio, a través de música, el resultado de milenios de evolución cultural? ¿Por qué decidirse por Bach y no por Wagner, o Schubert? ¿Es más representativo un cuarteto de cuerdas, una sinfonía, un solo instrumental o una cantata? Y no sólo eso: seres quizá completamente diferentes a nosotros, ¿Serían capaces de captar y apreciar el componente emocional que está indisolublemente unido a nuestra música? Esto es apenas una muestra de los múltiples interrogantes sin respuesta que surgieron. Debido a esto, las opciones de elección son innumerables, pero había que decidirse por una. Según Carl Sagan: “Está claro que no existe una respuesta correcta al problema de seleccionar música para enviarla a las estrellas; hay tantas respuestas como personas intenten tomar esta decisión. En este caso la decisión estaba en mis manos”.

Se establecieron entonces dos grandes criterios de selección. Primero, se incluirían muestras de un amplio grupo de culturas. Segundo, cada obra seleccionada debería conmover tanto al cerebro como al corazón. No se incluiría nada por obligación.

El resultado (la música que viaja a bordo de las Voyager) es el siguiente:

1. Bach: Concierto Brandenburgués No. 2 en Fa (1er. Mov.). Orq. Bach de Munich. Dir. Karl Richter
2. Java, gamelán de corte. Tipos de flores, grabado por Robert Brown
3. Senegal, percusión, grabado por Charles Duvelle
4. Zaire, Canción de iniciación de las niñas pigmeo, grabada por Colin Turnbull
5. Australia, Canciones aboríg., La estrella de la mañana y El pájaro diablo, grab. por SandraLe Brun Holmes
6. Méjico, El cascabel, interpretada por Lorenzo Barcelata y el Mariachi Méjico
7. Johnny B. Goode, escrita e interpretada por Chuck Berry
8. Nueva Guinea, canción de la casa de los hombres, grabada por Robert MacLennan
9. Japón, shakuhachi, Grullas en su nido, interpretado por Coro Yamaguchi
10. Bach: Partita No. 3 para violín en Mi (Gavotte en rondeaux). Arthur Grumiaux, violín
11. Mozart: La Flauta Mágica (aria de la Reina de la Noche). Edda Moser, soprano. Opera del Estado de Baviera, Munich. Dir. Wolfgang Saivallish
12. Georgia, coro, Tchakrulo
13. Perú, flautas y tambores
14. Melancholy Blues, interpretado por Louis Armstrong y sus  Hot Seven
15. Azerbaiján, gaitas, grabada por Radio Moscú
16. Stravinski: Consagración de la Primavera (Danza del Sacrificio). Orq. Sinfónica de Columbia. Dir. Igor Stravinski
17. Bach: El Clave bien Temperado (Libro 2, preludio y fuga No. 1 en Do). Glenn Gould, piano
18. Beethoven: Sinfonía No. 5 en do menor (1er. Mov.). Orq. Philharmonia. Dir. Otto Klemperer
19. Bulgaria, Izlel je Delyo Hagdutin, cantada por Valia Balkanska
20. Indios Navajos, Canto de la Noche, grabado por Willard Rhodes
21. Holborne, Pavans, Galliards Almains and other Short Airs, The Fairie Round, interp. por David Munrow y la Asociación de Música Antigua de Londres
22. Islas Salomón, flautas
23. Perú, canción de boda, grabada por John Cohen
24. China, qin, La corriente de los arroyos, interpretada por Kuan P'inghu
25. India, raga, Jaat Kahan Ho, cantada por Surshri Kesar Bai Kerkar
26. Dark was the Night, escrita e interpretada por Willie Johnson (el Ciego)
27. Beethoven: Cuarteto para Cuerdas No. 13 en Si bemol, Op. 130 (Cavatina). Cuarteto de Cuerdas de Budapest

Veamos ahora los motivos que llevaron a la selección de “música clásica” incluida en el disco.Bach vivió en una de las sociedades mejor organizadas musicalmente que jamás se hayan visto. Cada corte, iglesia o universidad proclamaba su posición a través de la música. Detrás de las obras de Bach hay una tradición polifónica arraigada en los corales del siglo XVI, de Palestrina y de su escuela. A su vez estas obras se originan en el viejo sistema de canto gregoriano por un lado, y en las expresiones medievales de la música popular europea por otro. Al estudiar a Bach podemos comprobar que su característico sentido del análisis y de la organización, unido a su deseo de llegar a la raíz de todo en música y plasmarlo luego en la partitura, fueron precursores de corrientes que se perciben actualmente en nuestro arte y en nuestra sociedad. Fue un ser tan fríamente calculador en la teoría que su música suena todavía moderna. Las corrientes mencionadas, nueva y vieja, se expresan hoy en una preferencia oscilante a favor de lo mental o de lo sentimental en Bach, cada una con sus defensores y detractores. Desde ambas perspectivas él es prácticamente un compositor universal.

El aria de la Reina de la Noche de Mozart ha sido denominada “una de las descripciones de carácter más extraordinarias que la música haya logrado jamás”, y con justicia. No habiendo muchas más explicaciones acerca de su inclusión, nos quedamos con el comentario de Timothy Ferris acerca de que, en forma conciente o no, al seleccionar la música que navegaría por la oscuridad interestelar, se habían incluido cuatro piezas sobre el tema de la noche. La idea de La Consagración de la Primavera se le apareció a Stravinski en un sueño, “una escena de un ritual pagano en la cual una virgen elegida para el sacrificio va a la muerte danzando”. “Para mí, que soy ruso, esta imagen tomó forma en la época de la Rusia prehistórica”, según sus propias palabras. A través de toda la obra se da importancia al ritmo, asociando esto con los humanos primitivos. Al reproducir en las salas de concierto la música de nuestros denigrados antepasados prehistóricos y de sus familiares contemporáneos, los ciudadanos del “mundo subdesarrollado”, era forzoso que La Consagración de la Primavera provocase indignación; nos recordaba todo lo que debemos a gente que ya olvidamos. Si bien la composición no tendió puentes entre culturas (fue más bien un grito a través del río), con el tiempo nuestra civilización la asimiló. Stravinski ya no volvió a componer nada parecido. Como no podría ser de otra forma, Beethoven, esa “personalidad totalmente indómita” según Goethe, no podía estar ausente en el disco. Ese ser provocativo y rebelde, presentado por sus sucesores inmediatos como iniciador del movimiento romántico, que luchó con su música contra un mundo injusto, lleno de ideales y de desilusiones, con su vida plagada de desgracias, tuvo el coraje de producir una obra asombrosa. Quizá sea ésta la razón por la que lo encontramos misterioso. La valentía es en sí misma misteriosa; es el valioso legado de millones de antepasados que lucharon por la supervivencia. Este tema lo encontramos transcripto en la música de Beethoven. La 5ta. Sinfonía introdujo una nueva fisonomía en el mundo de la música; según Berlioz, el primer movimiento fue “más allá y por encima de todo lo que se había producido en música instrumental”. Como sucede en muchas obras de Beethoven, el tema principal puede reconocerse simplemente por el ritmo, sin necesidad de escuchar la melodía. Otro factor que influyó en la selección fue su brevedad: ha sido calificado como “la representación más concisa jamás conseguida en música”. Muchos coincidirán en que en la Cavatina del Cuarteto No. 13, Beethoven excita profundamente la emoción. El musicólogo Joseph de Marliave describe el movimiento como “una súplica agonizante, un intolerable anhelo de felicidad y de paz, un anhelo interrumpido por sollozos que parten de la música con una intensidad de sentimientos más profunda incluso que la que podría expresar la viva voz del músico”. En la Cavatina también se ven reflejados relámpagos de esperanza y la serenidad de un hombre que ha soportado el sufrimiento y que ve llegar su final. Nosotros, al vivir el drama de la existencia humana en la Tierra, ignoramos en qué medida la tristeza o la esperanza son lo apropiado en nuestras vidas. No sabemos si vivimos una tragedia, una comedia o una gran aventura. En la Cavatina, Beethoven nos enfrenta cara a cara con esta situación. El objetivo principal de la misión Voyager era la cosecha de información científica. Estas dos naves representan el primer reconocimiento en profundidad del sistema solar exterior, y han cumplido con creces sus objetivos: todos hemos visto las fotos que sus computadoras nos enviaron de Júpiter, Saturno, Urano, Neptuno y muchos de sus satélites naturales, además de la invalorable recopilación de información. Sin embargo, con el paso del tiempo estos sofisticados aparatos dejarán de funcionar. Pero quedará un disco a bordo de cada nave. Los estudios estiman la vida media del disco en unos mil millones de años. Las cifras son difíciles de imaginar para nuestras mentes: pasarán por lo menos 60.000 años antes de que las Voyager penetren en otro sistema planetario y puedan ser detectadas. En caso de que los discos no pudieran ser decodificados por otros seres, la sola existencia de las naves hablará por sí misma. Y según Carl Sagan, “podrán estar seguros de que éramos una especie dotada de esperanza y de perseverancia, de algo de inteligencia también, de una generosidad sustancial y de un entusiasmo palpable por establecer contacto con el cosmos”. Cabe también la posibilidad de que nunca sean interceptadas. Ni siquiera en cinco mil millones de años. Y en ese lapso los seres humanos se habrán extinguido o habrán evolucionado hacia seres diferentes; los continentes habrán alterado su forma o habrán quedado destruidos, y la evolución del Sol habrá reducido nuestro planeta a cenizas. Las Voyager, lejos de casa, portando nuestra voz (¿La única voz en la composición cósmica?), continuarán su viaje a través del espacio infinito.

Por Pablo Harvey

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2 comentarios sobre “¿LA ÚNICA VOZ?

  1. Pablo,interesantisimo texto con informacion realmente trascendental,el hecho de que futuras civilizaciones tengan acceso a la musica de este siglo y xq no anteriores,podran decifrar la inteligencia,los sentimientos de los seres humanos y la capacidad de expresarlos a travez de la musica.Felicitaciones!!!!!!!!

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  2. muchísimas gracias por tus felicitaciones, silvia!!! me alegra que te guste el artículo que escribí hace ya varios años, y valores este formidable viaje de las voyager, un paso adelante en la historia de la humanidad. un saludo desde iruya para vos…

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